Por Federico Graña (Partido Comunista Uruguayo)
"Iemanjá, que es la dueña del muelle, de los aveiros, de la vida de sus hombres, tiene cinco nombres, cinco nombres dulces que todo el mundo conoce... Ella es una sirena, es la madre del agua, la dueña del mar, Iemanjá, Janaina, la Señora María, Inae, la Princesa de Aiocá. Ella domina los mares, ella adora la luna, que viene a ver en las noches sin nubes, ella gusta de las músicas de los negros"
Jorge Amado - Mar Muerto.

Noche de Iemanyá en la Playa Ramírez de Montevideo (galería de Aliwenso en flickr.com)
Los que me conocen saben que soy un tipo que trato casi siempre de moverme entre los márgenes de la racionalidad. Incluso algunos podrían hasta acusarme casi de fósil surgido en la modernidad por algunos de mis pensamientos. Eso si, nunca negué que la posmodernidad me ganó en el plano estético. Pero bueno, a todos el sistema nos gana en algo. Pero justo de esto no es de lo que voy hablar hoy. Así que evitemos mis excusas y entremos de lleno al tema.
Desde chico, y en ese momento quizás sin una explicación racional, siempre me llamaron la atención las expresiones culturales de los sectores populares. Ahora un poco más grandecito, y con alguna que otra cosa leída, este interés ha aumentado. Y es por eso que este 2 de febrero no falté a la cita. Mientras mis pies bajaban las escaleras hacia las arenas de la Ramírez, mis ojos se perdían en la muchedumbre. Una muchedumbre, cuya mayoría seguramente no tiene una línea de descendencia directa con los que trajeron esta tradición de contrabando en las bodegas de los buques negreros. Una muchedumbre, que si algo tiene en común es que mayoritariamente está formada por humildes. Ahhh…, obvio, también estamos los otros, a los que se nos nota en la cara, por más respetuosa que la pongamos, que vamos a ver un espectáculo, o que vamos por ese miedo tan bien representado en esa sentencia de que "pero que las hay hay", o vaya saber por qué vamos. Quizás simplemente vamos a ver gente. Una masa de gente diversa y heterogénea. Tan heterogénea como la religión que festejó esta noche su fiesta. Y si fuimos por esto último, podemos estar tranquilos y hasta reconfortados.

De blanco para mojarse los pinrreles, hacer la ofrenda a Iemanyá y regresar de espaldas (Galería de Nikorimages en flickr.com)

Porque esta religión acusada de primitiva, de pagana y por lo tanto portadora de vaya a saber qué largo stock de demonios, con toda la fuerza de la humildad, con toda su violencia, nos cuestiona en nuestra propia cara.Nos cuestiona en la cara por la fe de sus deudos. Nos cuestiona en la cara con sacerdotes homosexuales. Nos cuestiona en la cara mostrándonos a la travesti veterana que en un acto de fe con su barquita tira al mar quizás su última esperanza mientras una vieja paqueta que seguramente fue "por las dudas" ingresaba a un terreiro a pedirle a lo desconocido, a lo temido, que le mitigara algún dolor. Nos cuestiona en la cara cuando varias hijas del Islam pasean con sus velos viendo el ritual de otra religión sin que nadie las incomode. Y desde ahí, desde la humildad de su templo mayor hecho sólo de mar y arena. Desde una teología que puede ser contada como una simple historia familiar y donde no hay santísimas trinidades casi inexplicables. Desde ese incómodo lugar para los adoradores de lo correcto, es que esta religión, heredera de los quilombos del Brasil nordestino, de la Bahía de Amado. Esta religión que sobrevivió por subversiva, por esconderse en los ritos de los patrones, nos demuestra que para algunas cosas a veces los humildes, los simples, los paganos, los primitivos son mucho más avanzados que algunos que nos la jugamos de complejos.
Es por eso, que si algún día, vaya saber por qué razón o sinrazón se me ocurriera abrazar otra fe que no sea la fe de la razón, ni un segundo dudaría y otra vez, en otra versión, nuevamente la senda de los humildes elegiría.

La misma de antes pero desde un poquito más acá (también de Aliwenso)
Sí, ya sé, se me olvidó la cámara
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