lunes, 24 de noviembre de 2008

¿HAVE YOU HEARD ABOUT THE BAT?

Edificio anoréxico: nada que ver con este post

Según me relató la Chica de la Curva, el Chupacabras es un espantoso críptido contemporáneo que se alimenta de animalillos diversos en zonas agrestes de América. Visto por primera vez en Puerto Rico a principios de la década de los 90 (síntoma de milenarismo, digan lo que digan), su leyenda se extendió por todo el continente conforme se prodigaba de granja en granja a base de bocados asestados certeramente en las yugulares de unidades de ganado preferiblemente ovino.

Creo que recuperé conocimiento del Chupacabras gracias a la sonata interpretada hace once años por mis adorables y entonces a ratos aberrados SFA, esa banda acusada por navegantes de esconder satanismo terminal tras tanta lindeza coral y armonía lisérgica. El Chupacabras se convirtió por aquellos tiempos en objeto de largas chanzas, apareciendo tan intermitente como inesperadamente en nuestras vidas, siempre rescatado a deshoras por nuestras absolutamente naturales y espontáneas huidas del desabastecimiento anímico.

Aunque no se ha documentado jamás que saltara el Charco (tampoco nadie ha logrado ver jamás al terrible bebesangre salvo Iker Jiménez), el Chupacabras se me reapareció de súbito en Houndè (Burkina Faso) hace un par de años, bajo forma de pequeño tótem de saldo, mutilado en su cornamenta y amenazando bondades siempre malinterpretadas por nuestra ignorancia, que no ve más allá de nuestras narices gibraltareñas. Aquella fue la última ocasión en que supe de él.

El Chupacabras arrampló con todo, pero ni se molestó en probarse el vestido de novia flamenca

Las últimas pistas del horrendo predador lo sitúan en el Cono Sur americano. Según rezan noticias de septiembre del 2005,  "la extraña muerte de ejemplares de ciervos en un coto de caza del Departamento Uruguay ha generado preocupación entre los lugareños y tremenda intriga en las autoridades. Se trata de hembras que aparecieron mutiladas, a las que les extirparon los genitales y órganos reproductores". "Los cortes son perfectos y sobre la misma zona del cuerpo. Todas las hembras están tiradas sobre el mismo lado, con el cuello torcido de la misma manera. No se ven cortes ni disparos de armas de fuego y no hay manchas de sangre. Y pese a estar de vigilia la noche en que murió uno de los ciervos, no escuchamos ni vimos nada...". El coto en cuestión, por cierto, es constantemente visitado por figuras políticas nacionales e internacionales (¿cuándo, si están siempre trabajando duro?), deportistas de élite, artistas y otros sacrificados ciudadanos de bien que llegan al país de incógnito para acabar con la presencia de hermosos ejemplares de jabalí, búfalo, ciervo y antílope. Bueno, yo veo claro quiénes son los auténticos chupacabras, que luego cargan con las culpas a la pobre criatura mitológica sólo por fea, pero en fin... El caso es que el animalucho había regresado de las faldas del Sáhara y andaba cerca.

Típico en Montevideo: linda calle asombrada por frondosos árboles, el refugio ideal para el Chupacabras urbanita

El domingo en la mañana me subí en un omnibus (es como un coche pero algo más grande y ruidoso, en el que entran muchas personas que pagan por viajar en él, y va haciendo recorridos por la ciudad, parando cada tantos metros, para que te apees si quieres o para que se suban otros). Estaba decidido a comprarme un termo barato, para llevar el agua caliente con que tomar mi yerba mate, en la más celebre feria (mercadillo) local: Tristán Narvaja. Para evitar desparramarme por el suelo con los vaivenes del omnibus dichoso cuando llega el momento de terminar el trayecto, siempre me agazapo en el último asiento, junto a la puerta de atrás y con el botón de solicitud de parada al alcance de la mano derecha. 

Esto no es un omnibus, pero también hay muchos y molan más

Esta ocasión, a mi lado un joven semimadrugador ensayaba interminables ritmos aplicando la percusión sobre el asiento, y alternando con ello algunos inciertos cánticos tangueros, su mirada perdida en una mancha de la luna lateral. Yo a mi vez, tal vez por pánico, agaché la cabeza y concentré la atención en el respaldo del asiento que tenía delante, preguntándome con desazón cómo podría nadie escribir mensajes tipo "Pier Luigi estuvo aquí" a pesar de semejante traqueteo, que debe haber costado ya la vida a más de un nonagenario trotaurbes.

Entre aquellos mensajes, pequeñas píldoras de creatividad inmediata redactadas con caligrafía equilibrista por aburridos pasajeros y parejas mimosas escasas de recursos comunicativos, destacaba uno de pequeño tamaño, pero estratégicamente situado en el centro de la improvisada pizarra.

El mundo de las pintadas en muros sabios promete dar mucho juego en este país. Desgraciadamente, no pude retratar el otro día uno que decía "Colabore con la policía. Péguese usted mismo". Tampoco se queda corto el universo de las pancartas colgadas entre árboles para destapar mensajes íntimos más propios del sms: "Felicidades ingeniero! De parte de tus orgullosos papis" (sí, hay empresas que se dedican a esto).

El mensaje a que me refiero, sin embargo, estaba oculto en el último asiento de un omnibus de la línea 62. Una de cada 100 personas que tomen ese transporte público se sentará en dicho asiento. De ellas, sólo el 50% (es decir, la población femenina, o no toda) tal vez prestará atención a las inscripciones en vez de mirar los traseros de las minas que suben y bajan, pero en realidad muchas menos lo harán.  De las que lo hagan, una buena proporción se quedará meditando el mensaje de Pier Luigi. En cualquier caso, apenas una ínfima cantidad reparará en mi querido mensaje. Mas solamente yo le atribuí, estoy seguro, toda la plenitud de su significado. Bueno, solamente yo... y el Chupacabras.

Os dejo con la foto del asunto. Y confirmo así que recupero la esperanza. La recupero, para variar, de la forma más absurda.




3 comentarios:

Anadja dijo...

Te aseguro que ha vuelto a cruzar el charco back.
Juro que le he visto por los dominios de San Bernardino...
Reniega del país del lunfardo incluso más que de su primer apellido, asegura llevar bigote desde antes de que se convirtera en un "must" de esta temporada, es cada vez menos selecto en cuanto a la mujer y a la bebida se refiere (espiritosas ambas, claro), no hace ascos a nada que huela a ottocento, a París, o a bohéme en general (hay incluso quien le ha visto hablar en la lengua de la cual "admiróse un portugues", con un cejijunto y taciturno súcubo) y se dedica a atacar yugulares de impávidas camareras sueltas por el proceloso mundillo de la hostelería madrileña...
¡Es él!
¿Crees que debo ponerme en contacto con Iker Jiménez o, en su defecto, con Carmen, su deliciosa mujercita?

Anadja dijo...

Te aseguro que ha vuelto a cruzar el charco back.
Juro que le he visto por los dominios de San Bernardino...
Reniega del país del lunfardo incluso más que de su primer apellido, asegura llevar bigote desde antes de que se convirtera en un "must" de esta temporada, es cada vez menos selecto en cuanto a la mujer y a la bebida se refiere (espiritosas ambas, claro), no hace ascos a nada que huela a ottocento, a París, o a bohéme en general (hay incluso quien le ha visto hablar en la lengua de la cual "admiróse un portugues", con un cejijunto y taciturno súcubo) y se dedica a atacar yugulares de impávidas camareras sueltas por el proceloso mundillo de la hostelería madrileña...
¡Es él!
¿Crees que debo ponerme en contacto con Iker Jiménez o, en su defecto, con Carmen, su deliciosa mujercita?

Juanan dijo...

Ciertamente el Chupacabras Cuevas estuvo aquí hace tiempo... no reparé en ello