martes, 19 de agosto de 2008

Y DALE CON LA CAMPAÑITA


El Pequeño Buda viéndolas venir mientras medita los Cambodian Millenium Development Goals

¿Qué sería de ustedes si no me escucharan hablar de los Objetivos de Desarrollo del Milenio? (Ambientación sonora: música inicial del Equipo A, redoble de tambores marciales y sonido de helicocótero): En el año 2000, 189 jefes de estado y de gobierno firmaron un acuerdo que muchos nunca pensaron cometer, con el objetivo de acelerar el fin de la pobreza a través una agenda global de desarrollo que se centraba en el hambre, la educación, la salud, la igualdad de género, el medio ambiente y el buen rollito. 8 años después, sobreviven como políticos y gobernantes de pacotilla, siguen sacando cacho para ellos y sus amigos, se sacan fotos sonrientes y dicen que están haciendo todo lo posible, mientras las cosas no parecen mejorar y se viene encima una crisis alimentaria de órdago. Tal vez un día se los encuentre usted y pueda incluso votarles.

La desfachatez de algunos va aún más allá, y aquí es donde volvemos a Camboya, este delicioso LUGAR que acumula una inmensa cantidad de oenegés y ayuda internacional. El gobierno camboyano, realista y profesional, consideró en su día que las especiales circunstancias del país merecían un diseño específico, una agenda particular que abordara algunos problemas no considerados en la Declaración del Milenio de Naciones Unidas.

Creó así los Cambodian Millenium Development Goals sumando algunas metas e indicadores nuevos. Entre estas metas, incluyó una general que reza así: "Aumentar para el 2015 la proporción de la población en zonas tanto rurales como urbanas con acceso seguro a la tierra". Y especificó: "Aumentar del 15% al 65% la proporción de parcelas de tierra que disponen de títulos (de propiedad, se entiende), en zonas tanto urbanas como rurales".

Antes de valorar los avances asombrosos de la gestión política en este terreno, de cuestionar la sinceridad y buena voluntad de los políticos, tal vez debamos jugar a los abogados y creadores de jurisprudencia, y reconocer que la meta redactada puede dar lugar a diversas interpretaciones. Si nos fijamos en la segunda frase, no se habla de que haya más personas con títulos, sino más proporción de tierra bajo títulos de propiedad. De acuerdo con esto, si el 65% de las parcelas de tierra son propiedad de una sola persona, en sentido estricto (o estrictu sensu, ya que nos ponemos) esta meta específica estaría cumplida. Alguien podría alegar que la meta general sí habla de aumentar la población con acceso seguro a la tierra. "Con acceso seguro a la tierra"... aquí no se habla de título por ningún lado, a lo mejor acceso es simplemente que les dejen pasar. Lo cierto es que la versión en inglés habla de "land security", que tal vez sí sea un término para hablar de cuestiones que se relacionan con la propiedad, pero en cualquier caso es la meta específica la que marca la acción concreta y por tanto la interpretación.

Sinceramente, sólo pretendo aburriros. No creo que los creadores de la idea llegaran a entrar en todos estos cálculos, porque luego sencillamente se pasan en cualquier caso por el forro todo compromiso adquirido. La cuestión es que, en primer lugar, estaban reconociendo el acceso a la tierra como una cuestión clave para resolver la situación de pobreza que muchísima gente vive en el país (un tercio concretamente en extrema pobreza, es decir, viviendo con menos de un dolar al día; muchos más en no extrema, es decir, a partir del lujazo de 1,01 dólares al día). Incluso tener ese dólar podría ser menos relevante si la gente dispusiera de parcelas que cultivar para su propio consumo e intercambio. Pero bueno, es tema aparte que para algunos sea mucho mejor que se usen dólares para resolver vía consumo.

En segundo lugar vienen los hechos, que hasta ahora lo que muestran es que, en un contexto de boom inmobiliario, aumento de la inversión extranjera y especulación, la apropiación ilícita, sospechosa o fraudulenta de tierras de pobretones es un deporte de moda entre las élites. Las noticias al respecto son una constante en la prensa. Bueno, más bien las noticias sobre desalojos y las suaves protestas de los afectados (aquí está prohibido manifestarse). Como en el karaoke, las modalidades son variadas: desde el extremo de una secretaria de estado que, por lo visto, sencillamente se dedica a vallar zonas a su antojo y decir "ahora esto es mío", hasta las presiones y amenazas para hacer vender a precios de risa (de nuevo como en el equipo A), pasando por el no reconocimiento de los derechos de personas que han pasado años suficientes ocupando tierras sin disponer de título, y las que una ley en principio garantiza la propiedad al cabo de dicho período y tratándose de terreno público. Estas tierras luego son concedidas por el Estado a empresas a menudo extranjeras. En el caso de ventas forzadas, el beneficiado lo que hace es luego venderlas de nuevo al correspondiente inversor a un precio mucho mayor. En algunos casos este sistema está incluso institucionalizado. Hay una zona del país donde la compraventa de la tierra no es libre. Todo aquel que quiera vender está obligado a hacerlo a una misma empresa, casualmente perteneciente a otro alto cargo político, uno de los tres peces gordos del país. Esta empresa se dedica luego a vender de nuevo a cualquier otro comprador interesado.


La Chancla: arreglando el mundo desde la raíz

Así es pues como se está garantizando el derecho a la tierra, cumpliendo con el mencionado objetivo y abriendo el camino para el fin de la pobreza.

¿Es posible que sea mejor así? Tal vez resulte bueno que pongamos la tierra en manos de quienes tienen el capital y los medios para "superproducir", que facilitemos el aumento de las inversiones, la producción, la exportación, generando así empleo en vez de dejar espacio a los rudimentarios e inefectivos métodos de los campesinos y su supina ignorancia que nunca les sacará del agujero. Este es desde luego el modelo que se propone, al que obedecen las reformas estructurales promovidas desde el FMI y el Banco Mundial. Pero yo me pregunto: empleo sí pero, ¿qué empleo?; y, ¿por qué esta necesidad de empleo, sea además con las condiciones que sea? ¿Os acordáis del vídeo "La historia de las cosas"?

Bien, veamos. Yo tengo una amiga cuyo padre fue forzado a vender parte de su terreno. Con lo que le queda ahora, ya no le salen los números. Van a tener que inventar algo nuevo para salir del bache. Tal vez hagan lo que tantas y tantas familias: mandar a algunos de sus miembros a la ciudad o a trabajar en una fábrica, o ir al completo. Bien, es cierto, ya se está generando empleo: estas personas pasan a formar parte del lumpenproletariado, ese término que queremos tener por pasado de moda. Como hablamos de gente en muchos casos analfabeta o en cualquiera poco formada, no solo no podrán acceder a empleos cualificados, sino que además tendrán que aceptar las condiciones que sea y no dispondrán de muchos recursos para defender sus derechos. Ese empleo pasa a constituir su única manera de acceder a algo de dinero con el que disponer de una mínima capacidad de consumo, única manera en que ahora se pueden permitir resolver determinadas necesidades, pues los recursos no monetarios se han reducido al mínimo. Bien, en muchos casos la situación no compensa y las chicas pueden acabar decidiendo, como ya expliqué, vender su cuerpo por una miseria que al final, a base de repetir, acaba sumando unas mejores ganancias que las que ofrece la fábrica. Varias de las prostitutas con las que he tenido la oportunidad de entrevistarme habían trabajado previamente en factorías, y aseguraban que no les daba para enviar dinero suficiente a sus familias.

De una tacada, ya hemos facilitado a los inversores dos elementos que les harán felices, garantizando así el empleo y el desarrollo: tierras y mano de obra barata y poco molesta. Esta parece ser una condición indispensable para el desarrollo en un contexto de competencia feroz en materia de comercio. Cualquier país pobre que quiera progresar ha de venderse barato, con la esperanza de que caiga algo antes de que los beneficios salgan hacia el extranjero. Es muy ilustrativa al respecto la información aparecida hace pocos días en el Phnom Penh Post acerca de las conclusiones de un encuentro de la industria textil, principalmente orientada a la exportación y una de las mayores generadoras de empleo del país. Las concurrentes se felicitaron por los progresos y la aportación que se estaba haciendo al desarrollo nacional, pero se alertaba a la vez de los riesgos futuros debido al impacto sobre la competitividad que empezaba a tener el exceso de actividad sindical (por dios, que me expliquen dónde está dicho exceso). Si siguen dando la barrila con los derechos de los trabajadores, se vino a decir, la inversión irá fijándose en otros países. "Deberíamos tomar el ejemplo de China: allí no hay sindicatos, porque la gente quiere salir adelante y le gusta trabajar". Entre las compradoras del sector textil que ejercen estas presiones obligando a ofrecer las mínimos costes a cualquier precio a cambio de los mayores beneficios para sí mismas, están las de marcas bien conocidas y que a todos nos gusta consumir en España.


Trabajador camboyano siendo explotado salvajemente

Alguien me comentaba que tampoco es para tanto, que es un proceso normal, un sacrificio necesario que conducirá con el tiempo a un verdadero desarrollo, como ha ocurrido con tantos otros países e incluso con España. Yo me pregunto de nuevo: ¿y no se puede hacer de otra manera? ¿quién decide que se haga así? ¿se decide en beneficio de todos o de quienes sacan el gran cacho? ¿están todos los inversores deseando como locos el bienestar de la gente más que nada en el mundo, y por eso es tan importante que ellos pongan las normas? ¿es por eso que no nos permiten imaginar otras formas de hacerlo? ¿es necesario sacrificar tanto y a tantas personas? ¿se sacrificarán los famosos inversores para conseguirlo también? ¿de verdad es en beneficio de un futuro mejor? ¿y cuándo llegue ese futuro mejor y los camboyanos tengan condiciones decentes y buenos sueldos, quién va entonces a cumplir con el papel de seguir jodido para que podamos seguir unos consumiendo más, y más barato, y otros haciéndose más y más billonarios? ¿serán los africanos quienes se queden sin un futuro mejor? ¿y esto podrá durar así para siempre? ¿y cuando los camboyanos tengan ese futuro mejor y los inversores decidan que hay que irse a otro sitio? ¿y podremos todos tener un eterno futuro mejor a base de producir y consumir interminable y crecientemente, importar y exportar sin parar? ¿siempre querrá la gente comprar los productos extrella que el país exporte?... No sé, a lo mejor todo esto ya lo tienen previsto...

Mientras tanto, conocido es, los propios trabajadores españoles sufren las consecuencias de esta deslocalización. Pero no debemos preocuparnos porque podremos recuperar nuestra competitividad gracias a la jornada laboral de 60 horas.

(os pongo todo esto para asegurarme de que no volvéis a leer el blog, que cada vez escribo menos)

1 comentario:

Anónimo dijo...

ufff
hay vcs ke me kedo sin palabras... xo al leerte, rekuerdo otras lecturas, ke hace ya mucho tiempo nos alertaban de sto:
MEILLASSOUX, C., 1985. Mujeres, Graneros y Capitales. Siglo XXI.

Besitos y Achuchones
El Señor Obskuro