jueves, 2 de octubre de 2008

CHOCHAT; FIN DE LA PRIMERA PARTE

Tráfico congestionado en pleno centro de Phnom Penh


Parecía que había claudicado ya, ¿verdad?

Llevar un blog como si no lo fuera, contraviniendo todos los buenos usos y costumbres en materia de comunicación vía internet, con relatos relargos, frases compuestas y subordinadas cual cabo chusquero, temas aburrientes, etc, no es tarea fácil, y obliga a espaciar en exceso las apariciones. Supongo que para gozo de la audiencia.

Pero el exceso de estas últimas vacaciones se debe a causas que van más allá de la pura pereza y la escasez creativa. Ahora mismito me encuentro de vuelta en Toledo, tras haber puesto fin precipitado a la aventura camboyana.

El golpe de buena suerte que anticipaba en agosto me lleva ahora a un nuevo destino, Uruguay, donde estaré en cuestión de días. No ha sido buena suerte por el hecho de que me pongan de patitas fuera de Asia, sino porque se trata de una oportunidad de trabajo que venía persiguiendo desde hace ya tiempo.

Me han quedado muchas cosas por contar (algunas ya plasmadas en borradores que no me he atrevido a publicar), y aún muchas más por descubrir de Phnom Penh y Camboya. Ahora será como una cuenta pendiente, pues conservo la sensación de que algo más de tiempo me hubiera dado ocasión a terminar de lidiar con todas las sensaciones que se han amontonado sin orden a lo largo de estos meses.

Siempre me pareció desmedido que la palabra "chinchikurina" tuviera un lugar dentro del Libro Guinness de los Récords, tanto como que a una banda de cerveceros se le dé alguna credibilidad como jueces de los mayores logros humanos.

Con toda seguridad "chinchikurina" no sea más que una palabra de longitud mediana, aunque gran coherencia onomatopéyica. Si algo hace realmente grande al término es su caprichosa aplicabilidad a Phnom Penh, desde ahora y cariñosamente, la "Canija Asiática" (así podremos hablar de CA en vez de PP). Phnom Penh no es, aunque empieza a intentarlo, una megaurbe plagada de altas torres y experimentos arquitectónicos. Es una ciudad aparentemente loca por su relativo caos cotidiano, su corrupción y su miseria, ambas bien a la vista. Pero es a la vez bastante asequible, segura, divertida, curiosa y abarcable. Uno dispone de todos los servicios a que pueda estar acostumbrado (si exceptuamos minucias como un sistema decente de recogida de basuras o agua caliente) y puede vivirla así en el feliz mundo paralelo y aburbujado de los expatriados. Esta claro que no tiene nada que ver con lo que a muchas personas se les pueda pasar por la cabeza cuando alguien dice "me voy a Camboya". Todo un placer y todo un caldo de cultivo para la incoherencia.

Si hay algo que definitivamente detesto de Phnom Penh es la forma despiadada en que me ha hecho enfrentarme a mí mismo en muchos y variados sentidos, lo que con todo habré de agradecerle por encima de ninguna otra cosa.


Eroski ambulante, compra sin salir de casa (no más lejos de dos metros)

Gustarme, me gustan muchas cosas.

Me gusta adelantar al único elefante de la ciudad cuando voy con la moto al trabajo por la mañana. Me gustan sus vecinos, los monos atracadores, capaces de asaltarte en la puerta de tu casa, con mirada amenazante, para quedarse con tu bolsa de la compra. Me gusta que la turba de churumbeles que inunda mi vecindario convierta a diario la calle en un aquapark, cuando a la tarde llega puntual el diluvio cotidiano. Me gustan los críos tiesos que hacen de postes humanos con que estos mismos canijos de la Canija Asiática consiguen superar la falta de verdaderas porterías de fútbol. Me gusta la pasión khmer por la jardinería y la vista de las tiendas desbordadas de flores multicolores, tanto como el cutrerío freak del cabaret travesti-adolescente, con sus playbacks, sus mini breakdancers y sus incomprensibles chistes escenificados y performances alegóricos de los celos, los malos tratos, el alcoholismo y la pobreza. Me gusta mucho, sí, la televisión, de la que no entiendo ni papa pero que me encandila con sus imposibles puestas en escena. Me gustan los atardeceres en el río y la de gente que sale a la calle con el pijama. Me gusta, lo sabéis, me da que por encima de todo, el Estadio Olímpico y sus hordas ansiosas de ejercicio físico con meneíto; supongo que lo que me gusta en realidad es el propio gusto de la gente por salir a abarrotar los parques y paseos, hablar con cualquiera como si se conocieran de toda la vida, jugar, bailar y sonreír.

Es tarde y supongo que siempre podría corregir este post para seguir completando esta lista, pero me he prometido acortar textos, a la par que sigo incumpliendo a rajatabla mi promesa de ser algo más comunicativo sobre estas cositas que tal vez sitúe injustamente en el terreno de la intimidad.


La increíble "Harmónica de vodafones", 9 móviles en manos de un corredor de apuestas en plena combate de khmer boxing

Ya veremos cómo sigue la cosa en las Américas, digo yo que algo habrá que contar.

Así que os dejo con los STEREO MCs camboyanos!, un delirio musical por etiquetar (atención al momento teniente: el tío empieza diciendo "qué tal qué tal"), y ya pasamos a la segunda parte. Fecha de estreno por determinar



1 comentario:

[La Otra Agenda] dijo...

Hola compañero,
Es bueno saberte de vuelta, con tantas cosas aprendidas y tantos sueños por cumplir. Tus palabras nos transportan allí, a "CA" y entran unas ganas tremendas de vivirlo.

En Uruguay no dejes "La gran idea" :)

¿Cuándo te vas? Mira que a lo mejor nos da tiempo a vernos y todo...

Abrazos,
David