viernes, 8 de agosto de 2008

BUENAS SUERTES



Voy a acabar con mi larga ausencia para romper una lanza por la superchería, la superstición y la numerología.

Han sido muchos días de despiste relator en los que han pasado cosas interesantes y divertidas, variadas y a menudo cargadas de aprendizaje, como muestra la fotografía de la entrada del Pueblo de la Cultura Khmer, una especie de museo al aire libre. Pero pocas cosas han tenido entidad suficiente como para completar uno de mis largos e insoportables posts. Y yo escribo para aburrir. Si no, prefiero no hacerlo.

Pero estamos a 8 del 8 del 2008, y tan señalada fecha merece su reseña. Hoy es jornada de buena suerte. Me han deseado hasta ocho cosas, pues no podía ser de otro modo: salud, dinero, suerte (entiendo que en el juego, porque sino sería una redundancia sin sentido), amor, victoria, belleza, ingenio y felicidad. Total nada, pero como yo soy muy puñetero (qué bueno poder usar la ñ), me sabe a poco y pido más por si acaso.

La supersticiosa obsesión camboyana por los números puede parecernos un poco absurda, propia de un país donde también hay brujos, espíritus y magos. Hasta nos llegamos a mosquear un poco por el hecho de que entre sus efectos se cuente el que cada uno se empeñe en decidir el número de su casa, de manera que en la mayoría de las calles la numeración no siga más orden que el marcado por el capricho de los vecinos, y se haga harto difícil encontrar el lugar que uno busca. Y si alguien quiere un número que ya está cogido, simplemente le pone subíndices;y si también se repite, se añade una letra... Así, como ya comenté en su día, todo el mundo feliz menos el señor cartero. Eso debe explicar la mala leche que se gastan en la oficina de correos, siendo este un país de trato sonriente.

Los números de teléfono tampoco escapan al mágico juego de la suerte, y por añadido al de la especulación. Obviamente, en este caso no es posible repetir. Así que los números considerados más afortunados, y por ende más demandados, son los más caros del mercado. Cuando fui a comprar mi móvil me enseñaron una lista de números con los precios correspondientes al lado de cada uno. Yo pregunté sorprendido por la causa de tales diferencias. Ante la explicación, con aire de suficiencia científica solicité sin asomo de duda el más barato de todos. Actualmente no tengo manera de mantener una llamada que no se corte o en la que pueda escuchar a quien está al otro lado de la línea con mínimo de claridad y volumen. ¿Mala suerte? ¿O mala baba de la compañía?

No sé qué tan bueno será el número de mi casa, pero me alivia saber que por otro lado tuve el privilegio de ser bendecido por un orondo monje budista hasta cuyo refugio en la provincia más remota del país peregrina la gente con la única intención de conseguir algo de buena fortuna. Yo no tuve más que desplazarme a un hotel de Phnom Penh donde fui invitado a gorronear del buffet de un curso de género, en el que al final acabé participando por el ansia de seguir llenándome el buche dos días más, y con la esperanza de poder también dar buena cuenta de la piscina del lugar.

Lo cierto es que el curso fue toda una experiencia, mi primer "workshop" con monje, y con muchas otras cosas. Cuánto deseé que mi experiencia como formador llegue a incluir algún día este tipo de revolcones mentales y metodológicos! Cuánto llegué a reirme, sobre todo de mí mismo, de verme en esa situación y entender todo lo me quedaba por aprender!

Es preciso encontrarse en la situación, estar en medio de una actividad y que de repente, después de hablar un rato en khmer, todos los participantes, sin previo aviso, se arrodillen en gesto de rezo ante el monje en cuestión, mientras él entona una plegaria musicada. A uno no le queda más remedio que seguir el rito, tratando de aguantarse como puede la risa que le llena la boca. Las anécdotas fueron muchas y repetidas, y los aplausos generosos, entre otras cosas porque se producían también como reacción a la palmada que la formadora daba de vez en cuando con intención de mantener el orden y llamar su atención. No podía menos que simpatizar con los asistentes cuando en un gesto cargado de inocencia, en vez de callarse se ponían todos a aplaudir entusiasmados. Cosas de la gente ceremoniosa.

Entre las respuestas más interesantes que se produjeron en los debates, está la que dieron a la pregunta de "¿si pudierais elegir, seríais hombre o mujer?". A todos les surgió la misma duda: "¿en esta vida o te refieres a la siguiente?"

Entre las propuestas más interesantes para resolver los problemas relacionados con la falta de decisión de las mujeres en materia de planificación familiar (el hombre decide cuántos, cuándo, cómo y dónde): un proyecto de generación de ingresos para que la gente esté más ocupada y deje de matar el aburrimiento a polvos.

El caso es que tuve suerte, porque aunque pretendía aprender más de las relaciones de género en el país, lo que sí me llevé fue toda una lección de adaptación cultural, y desde luego algunas pautas muy útiles para trabajar aquí con el factor humano. Se trata de progresos que a uno le da alegría reconocer.

Y de paso me llevé la bendición vía pulserita naranja que me puso el monje, al cual inmortalicé en una imagen en que nos muestra orgulloso su dedo post-electoral, y que mostraré cuando encuentre (no puedo retrasar más la publicación, entre tanto la sustituyo por un monje de goma). Las elecciones se celebraron hace casi dos semanas, y aún mucha gente luce el dedo embadurnado de la tinta con la que han de dejar su huella impresa al votar. El domingo electoral te encontrabas a los conocidos alzando el dedo orgullosos para decir "he votado!". Era una imagen muy simpática, dedo arriba y sonrisa. Me planteé preparar una colección de fotos de dedos con sus respectivos propietarios, pero se ve que me he dedicado a otros menesteres.

Así que de esta manera, que es la única posible, recopilando méritos, me he plantado en el 080808, y, sea por la razón que sea, parece que hoy he tenido un tremendo golpe de suerte, o al menos que ha tenido que ser hoy el día en que me salieran las cosas al gusto. Pero esa también es otra historia que contaré en el momento oportuno.

Por cierto, ya comí serpiente y cocodrilo. Era fácil, lo reconozco. Con las arañas aún no me he atrevido.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Y..., dsd un pto d vista antropológiko, ¿ké el género, o lo ke se konoce x "género", se db ntndr = en todas las kulturas?
Me refiero a ke si lo ke es korrecto akí, puede no serlo akulla, y viceversa...
Y ese relativismo kultural, es peligroso, lo sé y lo sabes, y ke to lo ke uno kree ke es aceptable xk la tradición así lo ha markado, choka kon las libertades y tal...
Güeno... ke son mis dudas, ya tú sabes, siempre he tenío las mismas al rspecto... y alguna vz me he grangeado alguna mirada hostil kdo no un komentario mordaz (x utilizar un eufemismo).

Kon rspecto a los número no hace falta irse tan lejos: Kdo yo kontraté mi línea de telefonía móvil, hace ya muchos años, speré paciente una kola de futuros klientes.
Al señor ke staba delante de mi le ofrecieron mi nº... no lo kiso ni regalao, xk llevaba el "nº del demonio"... yo sonreí y kogí dos números, konrrelativos, y los dos kon ese stigma kabalístiko ;-)

Besitos y Achuchones
El Señor Obskuro

pd.- skribe más, skribe todo...

[La Otra Agenda] dijo...

:) Qué bueno, compañero, leerte y saborear tus anécdotas. Qué curioso lo de los números y qué lejana nos queda la pregunta de "en esta vida o en la próxima"...
Brillante.
Saborea tu periplo por aquellas tierras y aquellas gentes, y sigue contándolo.
¡Y creciendo! tú que puedes ;)
Abrazos,