martes, 10 de junio de 2008

NO SE OS PUEDE DEJAR SOLOS



Me permito un inciso para poner de manifiesto mi preocupación por la noticia que esta mañana asaltaba la pantalla de mi ordenador: Acuerdo de los Veintisiete para ampliar la semana laboral por encima de las 48 horas (España se opone, dice El País, claro, pero me chivan por ahí que lo deja en una simple abstención de mediastinas socialdemócratas, tal vez me equivoque).

Sí, parece ser que gracias a la incompresible vuelta del Berlusconi, Italia ha desbloqueado el asunto al retirar su veto a la medida. A la vez que recientemente sus políticos decidían reducirse la jornada, por cierto. Y creo que las jornadas de los europarlamentarios que tendrán que dar el visto bueno tampoco es precisamente sacrificada.
No merece ni la pena disertar sobre el asunto, y eso que habría tanto que decir... Me limito a señalar que me siento triste, que me apena seriamente que esto lo hagan ante nuestra desidia, que les hemos consentido llegar hasta aquí y tampoco evitaremos que esto ocurra, porque estaremos con la nariz pegada a la tele viendo la Eurocopa. Que en un par de generaciones estemos logrando cargarnos todo lo que durante siglos otros pelearon para que ahora disfrutemos aquí de comodones mientras el chiringo se desmorona. Que todavía haya quien se atreva a pensar que lo que hay por ahí es mucho holgazán y que así no se levanta el país (os aseguro que las ilimitadas jornadas camboyanas, exclavitud literal incluida, hasta el momento no están dando resultados en términos de desarrollo, sino sólo para los bolsillos de unos cuantos, como siempre). Que la palabra libertad se siga utilizando sólo para dividir, debilitar y joder bien a los bien jodidos.

¿De verdad vamos a permitirlo? ¿Lo vamos a poner todo patas arriba o sólo nos lamentaremos un par de días cuando ya sea demasiado tarde? ¿O tal vez tendremos los huevazos de seguir pensando que no pasa nada, que no nos afecta, que es lógico, que será positivo? ¿Hasta tal punto llegará nuestra ignorancia sobre la Historia, sobre el mundo en que vivimos, sobre lo que son los derechos y sobre nuestras propias vidas y lo que podemos o no podemos llegar a hacer con ellas? ¿Sabemos lo que significa esto, lo que está destruyendo, lo que traerá? ¿No nos preguntaremos por qué se están tomando estas decisiones sin consultarnos y jugando al despiste? ¿Quién las sugiere, a quién benefician?

Si ni por estas decidimos movernos, perderé definitivamente mi fe, que siempre ha sido grande a pesar de mal alimentada. Definitivamente aceptaré que todo nos resbala y no tenemos remedio. Hablo muy en serio, mi pena no es mera retórica. Y no quiero ni dar argumentos porque me resisto a pensar que sean necesarios.

Bienvenidos a Europa, esa que nos da bien por detrás y encima nos gusta

3 comentarios:

Anónimo dijo...

No se nos puede dejar solos, no. Vamos en espiral... y a ver a dónde llegamos. El paro de transportistas se nota ya en las gasolineras de Toledo (aunque no como en Madrid y Barcelona, dicen) y, también, ¡¡¡en el super!!! ¡¡¡ya!!! Pero si trabajamos 65 horas a lo mejor conseguimos tener la tele de plasma más grande del mercado... Desde que leí la noticia no puedo parar de hacerme dos preguntas: ¿cómo podrá ser posible conciliar vida laboral y personal/familiar con 60-65 horas de trabajo semanal? ("subpregunta": ¿y ahora cómo seguimos avanzando las mujeres?) Y, sobre todo, ¿quién le hace las "cosas de casa" a todos esos imbéciles que piden "libertad" para trabajar tantas horas más? Cuéntanos cosas del trabajo por esas tierras. Bicos!

Anónimo dijo...

Utópica sin remedio te acompaña en tu honda pena... Yo creo, como reza la viñeta, que todo va a cambiar... ¿Ilusa? Espero que no.

[...lástima, no puedo adjuntar la viñeta de la que hablo así que te la envío por correo]

Lupi dijo...

De aqui al esclavismo, no hay un paso, ya esta aquí... En nombre de la demoacracia, guerras; por la libertad, esclavitud; por el culo, como dices tu.....