miércoles, 2 de julio de 2008

UN AUTO DE VERDAD


No, al final el Mitsubishi PAJERO no era una leyenda urbana, un producto de los cyberalternadores de realidades y ficciones que acabarán consumando el ruido informativo y la confusión del ser-espectador. Lo he visto con mis propios ojos, no una sino mil veces, y ahora salgo a la caza de el Mazda Laputa y el Nissan Moco, esos otros dos vehículos que tuvieron que perder la identidad para que su éxito comercial superara nuestros aranceles culturales y semánticos.



Siempre pensé que de ver la palabra PAJERO escrita sobre un automóvil, sería obra de un dedo rencoroso sobre la mugrienta luna trasera del poluto coche de alguien con más de un enemigo. Pero no, en este caso irónicamente el insulto viene de serie, y no en letras pequeñas sino escrito con caracteres de dos palmos. Cosas del exhibicionismo obsceno de quien consigue acumular alguna riqueza mayor de lo normal, exhibicionismo que debería ser pagado con una traducción al khmer como justo castigo.



El exhibicionismo de los excesivamente satisfechos es una estupidez cuasi-globalizada. Aunque es cierto que ya hablaba algún antropólogo (ya no me atrevo a citar, aunque juraría que se trata una vez más de él, sí, de Marvin, el único que parezco haber leído) de cómo la discreción, el dirty chic o el hippismo eran producto del miedo de las clases acomodadas, que decidieron ocultar un poco de la vista de los vecinos pobres lo bien que les iban las cosas. Pero en el caso de este país el miedo se afronta con lunas tintadas, lugares de ocio exclusivos y excluyentes, altos muros coronados por alambradas y vigilantes armados a las puertas de las churriguerescas mansiones que algunos se mandan hacer para no disimular el fruto de sus corruptelas.



En realidad nosotros, la corrupta clase alta global, hacemos lo mismo en nuestros países-mansión: fronteras que se pretenden infranqueables (incluso cuando los agentes policiales se quedan alelados viendo a la selección por tv, y gracias a que logramos chantajear a nuestros vecinos para que ellos mismos se encarguen de frenar a sus propios hermanos!), más policía, más vigilancia y más control aún a costa de los más básicos derechos humanos, que a este paso dentro de poco serán reescritos oficialmente para subsanar los errores cometidos en la redacción original por exceso de fraternidad.



Sí, va a ser que en algo nos parecemos, y es que al fin y al cabo son los propietarios de los pajeros, de los lexus o de los hummer (los 4x4 más caros del planeta, de los que parece haber aquí bastantes más que en España), nuestros verdaderos aliados asiáticos. Es con ellos con quienes compartimos intereses, a quienes hemos escogido como hermanos de leche en nuestra cooperación mercantil, la "cooperación" que verdaderamente vale y manda por mucho que Zapatero no la mencione al hablar de las prioridades de su política exterior.



El caso es que, empeñado en escribir chanzas sobre el vehículo en cuestión, durante días perseguí al PAJERO cual urbanita Rodríguez de la Fuente. A pesar de ver decenas de ellos a diario, no disponía en el momento adecuado de la posibilidad de retratarlos con mi cámara para obtener así la prueba documental del hallazgo, y la esperada publicación de este post se retrasaba a la vez que la búsqueda comenzaba a tomar sabor de aventura imaginada. Pero la Naturaleza, de la que vienen los metales,el caucho y los hombres, y por tanto también los empresarios y los diseñadores de coches, es sabia, sabia y generosa. Así que un día de tantos, en un descanso de la caza y captura, llegué a encontrarme con un aún mas asombroso descubrimiento, que me colmó de gozo a la vez que multiplicó mi frustración por la dificultad para obtener una instantánea: el Pajero procrea, procrea y enternece, regalándonos la alegría de poder disfrutar del Garbancito de los todoterreno, todo un homenaje al sinsentido, tal vez una auténtica aberración de la ingeniería que sin embargo me arrancó una refrescante carcajada interior (estaba solo y nadie habría podido compartir conmigo aquí tamaña hilaridad). Ante mi vista, coqueto y tembloroso, acorralado por la inclemencia y la furia del tráfico en hora punta, humeaba tímidamente el... PAJERO MINI !!!! Su minúscula presencia, de la que empiezo a dudar puesto que no he conseguido avistar ningún otro especimen hasta la fecha, desató en mi cabeza una tormenta de ideas que aún tengo que contener cuando rememoro el instante delante del portátil... Bryan storming, superstar, rrriverito, mini-yoooo! ¿Veis lo que os digo? La enajenación amenaza siempre a la vuelta de la esquina.



El Universo, una vez más, súbita y claramente ordenado, me daba a escondidas un toque con el dedo en el hombro y se escondía para dejarme descubrir a mis espaldas el camino recorrido.



Nunca pensé que un 4x4 de nombre Pajero podría llegar a regalarme tanto significado y a la vez tanta seguridad (no hablo de seguridad vial). Nunca desistiré por tanto de dejarme arrastrar por tan pueriles y absurdas manías persecutorias. Porque, como la gran idea, cuando menos lo espera uno, se encuentra algo gratuitamente valioso que ya no habrá manera de perder. Ni de explicar, lo reconozco.

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